viernes, 31 de julio de 2015

El día en que mandé a tomar por saco al GPS

No se puede ser cool en un coche sin aire acondicionado, transbordo en cercanías y luego el metro. Una llega reventada y rimmel corrido. No hay glamour. Pasé tres años de mi vida así: cada vez que planeaba una escapada a la capital, como una dama de provincias que se precie, dejaba el coche en el parking del pueblo más cercano y ahí empezaba una ruta interminable de transbordos. Siempre quise parecer una mujer estilosa, pero mi reflejo en la ventana del transporte público correspondiente me devolvía una imagen lamentable y cargada de bolsas.

Así que un día me envalentoné: dejé pasar aquel pueblo con parking para adentrarme en los peligros de la carretera en la gran ciudad. No hay dolor. Con dos narices. Desde entonces, he perfeccionado mis técnicas de conducción y soy hasta capaz de meterme en el parking más profundo de Madrid cortando la respiración no vaya a ser que el coche se me cale. Sigo llegando reventada y con el rimmel cartón piedra porque lo del aire no tiene arreglo, pero ahorro tiempo, y eso para mi es lo más cool del mundo.

El culmen mi osadía al volante lo alcancé la semana pasada, 40 grados en la capital, zona Serrano. La histérica del Google Maps me indicaba desde el móvil la ruta correcta. Pero yo sabía que no tenía razón. Calle a calle, iba desobedeciendo sus órdenes mientras que me debatía en una lucha interna: “¿Cómo puedes dudar de esta señora, conectada con todos los satélites mundiales, mientras que tú eres una paleta de pueblo que hasta hace nada no te atrevías a meter por aquí?”.

A tomar por saco la listilla. Metí tercera y me hice mi ruta para comprobar que, efectivamente, mi intuición estaba en lo cierto. Les prometo que lloré.

Camino hacia el pueblo ventanillas bajadas y aire calentorro a todo trapo sobre mi cara, saqué algunas conclusiones:


♥ A veces puede parecer que todo lo que nos dicen tiene sentido, es lo correcto y va revestido de una cierta superioridad. Pero es así solo a veces. El resto del tiempo la gente no sabe mucho más que usted.  

 Necesitamos que nos digan donde tenemos que ir, es fácil, nos da seguridad. Pero sean valientes, ábranse paso y tiren por su camino. Llegarán lejos.  

 Miren dentro. Necesitamos escucharnos cada día, saber dónde queremos ir, buscar nuestro GPS. Y nos pasamos la vida callándonos o sin hacernos ni caso.  

 Al final siempre se llega. Quizás no a donde queríamos llegar, pero siempre se llega a algún lugar. Confíen.  

 Sacar nuestro lado macarra o mandar a tomar por saco a ciertas personas, a veces, solo a veces, no está nada pero que nada mal.  

 La gente sin corazón, como la de Google Maps, no tiene ni pajolera idea.





No creo que publique hasta dentro de un mes. Me voy la semana que viene dejándome un montón de listas sin tachar y tareas sin cumplir. Tengo muchos planes para el curso que viene, tantos que a veces pienso que la cabeza me va a estallar. Pero mi GPS interior me dice que pare. Y desde lo del coche me he venido arriba, así que… ¡a tomar por saco!


La tienda seguirá abierta hasta el 15 de agosto. Volvemos en septiembre, disfruten del verano y nos vemos por las redes

Gracias por estar al otro lado y este mes, sigan su GPS. 

viernes, 3 de julio de 2015

La lista que tienes que tachar este verano

Lo confieso: soy un fraude. Un timo, una mentirosa y más falsa que un Judas de plasticorro. Me di cuenta el viernes pasado después de subir una de mis frases a redes sociales. Menos likes y más cervezas, decía. Y de pronto vi la situación desde fuera:  yo animando al personal a salir de marcha, postrada en mi sofá y pegada al móvil. Me pareció de lo más absurdo.

Llevo un mes de tourné hablando de que la vida es una verbena, estuve en Hoy por Hoy, en Radio 4G y hasta he salido en In Touch (el hit de este verano). Y este domingo estaré en La buena vida de Gestiona Radio hablando de bailar, reír y bebiendo buenos vinos (esto es literal, porque cuando grabamos el programa estuvimos catando un rosado riquísimo: Milflores, que solo por la botella ya merece hacerle hueco en nuestra bodega). Tanto baile y tanta monserga, y yo, ¿hace cuánto que no me separo de la pantalla? 

Los más fieles lo recordarán: el verano pasado hice una lista de todo lo que quería hacer en vacaciones. En realidad en mi cabeza la lista era interminable pero la realidad es que no pude tachar ni uno de los planes. Yo y mi obsesión con las listas volvimos al nuevo curso casi igual que lo dejamos. Ni reggateon, ni amaneceres, ni libros ni bombas. Nada.


Así que me he puesto un reto: esta vez voy a tacharlo todo. Y voy a seguir a rajatabla mi manifiesto. 

Seré una zorrupia, me pintaré los labios y pienso volver a enamorarme. Del mismo, claro. 



¿Me acompañan? Les iré informando a través de #miveranobomba
 Y ustedes, ¿qué planes tienen estos días?

Pd: estamos de rebajas en la shop
hemos subido un montón de novedades.

viernes, 19 de junio de 2015

Festivales de fin de curso

Los festivales de fin de curso me hacen llorar. No una lágrima discreta de esas que se limpian coquetamente con un kleenex. Lo mío son lloros a mares, de funeral y drama. De vergüenza ajena. Es sonar los primeros acordes de carros de fuego por los altavoces de la guardería y se me encoge el corazón. Cuando salen, en fila, paxarito y sus compañeros vestidos de indios, vaqueros y macarras para bailar el YMCA aquello es el acabose, rímmel corrido y churretes en las mejillas. 

Una vez Indara me dijo que ella se ponía la lengua en el paladar para evitar las lágrimas, pero he comprobado que no se pueden poner puertas al río (¿se dice así?). Me es imposible no hacer pucheros a pesar de las carcajadas del amore ante mi lamentable espectáculo.

Diré en mi defensa que este año era especial y el baile de paxarito dando palmas y pasos como un pequeño robot era también un poco mío. Mientras el pobre se esforzaba en seguir el ritmo bailongo de su profesora, yo pensaba en todo este curso con tal intensidad que estuve a punto de salir a saludar al final ante la ovación del público. 

Al principio de este curso, en septiembre, quise dar una vuelta a mi empresa, darlo todo. Porque desde que empecé en esto no veo otro modo de trabajar: o voy a por todas o me quedo en casa. Siempre fui de extremos, y así, escribí en un papel mis objetivos para 2015: escribir un libro, crear equipo y relanzar la tienda online. No contaba con que la vida lleva su propio camino. Y a veces, en ese camino no entran nuestras interminables listas.

Pero empezaré por el principio. Siempre he creído que la suerte o el destino juegan un papel importante en nuestras vidas. Y así, me crucé con dos locas a principio de curso: Eli Romero y Maider Tomasena. Lo conté por entonces en este post

Hace falta gente que crea en tus sueños y te ayude a conseguirlos. 

Maider dio forma a mis dudas profesionales y juntas emprendimos un curso de formación para emprendedores que acaba ahora y que me ha abierto muchas puertas. Eli me cogió de la mano y juntas nos plantamos en la editorial más bonita de España como si fuéramos celebrities para presentarles mi proyecto más bonito: mi libro. Nos recuerdo a las dos chillando en el ascensor de Planeta como locas borrachas porque ya teníamos contrato. 

Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar en toda tu vida. The súper trola of the universe. 

La frase copa tableros de Pinterest y se convierte en sueño de miles de emprendedores. Pues mentira cochina, oigan. Desde que empecé en este sarao he trabajado como una posesa y este año casi me da un alipori. He llegado a odiar mi trabajo, a renegar de la verbena y maldecir el día en que se me ocurrió cruzar la puerta de la editorial. 

Los sueños se cumplen a golpe de noches en vela y trabajo intenso, pero hay que tener cuidado con no cruzar la línea. 

La línea de los besos y las risas en familia, las conversaciones largas y dejar el móvil lejos para disfrutar de un paseo. Y este año yo la crucé de largo. A veces emprender tiene un coste personal elevado y ahora toca ponerlo todo en orden de nuevo. Gran mérito de nuestros sueños se los llevan los que están a nuestro lado, aguantando la cara antipática que no mostramos en Instagram

Un curso después, puedo tachar los objetivos de mi lista. He publicado un libro, he relanzado la tienda y tengo un equipo que consigue que todo este sarao funcione. Pero me queda lo más importante: el amore, paxarito, Juan, mi familia, mis amigos... y hasta yo, que me he ido perdiendo un poco en medio de toda esta juerga. 

Ovación final: acaba la canción que versionaron para aquel anuncio de chopped y paxarito saluda robótico al público. Es un niño tímido, como sus padres, no puede evitarlo. Me limpio los churretes de rimmel sin éxito y abrazo al amore. Éste será nuestro gran verano, aunque no nos movamos del pueblo.



lunes, 15 de junio de 2015

Estilo, felicidad, amor y copas

Lo admito, en ocasiones he renegado de la vida y sus verbenas. Estos días de tourné con el libro a cuestas, firmando en la feria o en la presentación, muchos de ustedes se me acercaban y felicitaban por mi visión positiva de la vida. Menos mal que no estaba cerca el amore para aclararles que en realidad sufro de un trastorno bipolar y en muchas ocasiones he maldecido verbenas y canciones.

Me pasó muchas veces escribiendo el libro, como cuando me llama Javier, mi editor (siempre he querido pronunciar esta frase, al estilo de Julia Roberts en la boda de mi mejor amigo), para decirme que hay que cambiar el título. "¿Te pasas el día con la vida es una verbena y no vas a titular así el libro?", me suelta. Yo, que ya tenía montada mi historia, maldije la verbena hasta el infinito.

Digamos que en ese momento yo estaba en nuestra suite de la planta baja de un hospital, y la verdad es que mucho cuerpo para fiestas no tenía. Yo reniego, pero soy obediente, así que me puse a ello: por las noches escribía y dibujaba sobre estilo, felicidad, amor y copas. Cosas de la vida: aquello me sirvió como terapia, y aunque siguiera renegando (porque así de cansina soy), soñar con pintarme los labios y bailar en la cocina lo hizo todo mucho más divertido.

Por otra parte, creo que ese punto renegón le da un punto realista al libro: porque la vida puede ser muy perra, pero siempre podemos elegir bailar.








aquí

"La vida es una verbena" 
  • Tapa dura: 160 páginas
  • Editor: Lunwerg (2 de junio de 2015)
  • Colección: ILUSTRACIÓN
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8416177724
  • ISBN-13: 978-8416177721

Disponible en el Corte Inglés, Vips, Fnac, Casa del Libro, Top Books, Amazon, Panta Rhei, Swinton & Grant, La Central... 


lunes, 1 de junio de 2015

Nuestra verbena (falsa) de verano

La cosa va de pueblos. Esta vez, uno pequeñito cerca de Valencia. Quedo con Sergio, fotógrafo de  Por parte de la novia, en el casino. Es Navidad, pero hace sol. Hace tiempo que quiero conocerle porque me encantan sus fotos y quiero proponerle que me haga la campaña de primavera de la tienda online. Llega con su pelo rizado, pedimos dos cafés... "¿y si montamos una verbena falsa para hacer las fotos?", pregunta entre sorbos con sus ojos sonrientes. En ese momento sé que ya estoy liada hasta arriba...

Soy una chica fácil, lo reconozco, y más si hay verbenas, bailes y copas de por medio. Así que me lancé en pista a una de las fiestas más difíciles de mi vida. Porque créanme, montar un sarao así desde el hospital casi me vuelve loca. Quizás por eso, cuando veo el vídeo final, no puedo evitar emocionarme. Solo es una tienda, lo sé, pero en el fondo hay mucho más. Es insistir, no rendirse, apretar los dientes, escribir por las noches, bailar en la cocina... 

Nuestra verbena fue falsa, pero hubo vermú de verdad, patatas fritas, aceitunas, laca, confetti, luces y hasta una banda tocando en directo. Y sobre todo, cariño a trompicones, abrazos grandes, bailes y risas de esas que hacía tiempo que no echaba. 
La vida es una verbena, pero más si te juntas con gente grande que apoya, ríe y baila contigo hasta el final.

La colección está disponible aquí, y yo les dejo con las fotos. Pongánse nuestra canción, suban los altavoces... y disfruten de nuestra (falsa) verbena.






















Gracias Por parte de la novia por tanto esfuerzo, por tantas fotos, por los vídeos, por captar lo que quería casi sin decirlo, por esa ilusión y energía contagiosa. Con vosotros me dejo liar, siempre. 

Gracias Mery Lemon por nuestra canción. Por poner música a nuestra verbena. Por el madrugón, por el burguer king nocturno y por nuestros sueños compartidos. Porque baila lento, sueña siempre, ama mucho, sé valiente.

Gracias a mis chicas de Catering Cinco por dejarme vuestra masía. La más bonita de Valencia. Por dejarme los trastos, hacer comida rica y convertir vuestro patio en un pueblo bonito de cualquier parte de España. Montar saraos con vosotras es de lo mejor que me ha pasado.

Gracias Ana Bigudíes por peinarme bonito, por esas trenzas y moños altos. Por la laca mágica y porque mis viajes a Valencia sin ir a visitarte no son lo mismo. 

Gracias Ana Albiol por los labios rojos, por ponernos guapas, por decir que eres de pueblo y a la vez ser tan top. Volveremos a vernos, y lo sabes.

Gracias El taller de Clo por los claveles, por la lavanda, por llenar de flores nuestro pueblo y ser tan majos.

Gracias Esther por venir del pueblo lejano 

Gracias Inés, Patricia, Alba, Lydia, Irene, Teresa, Lola, Ana, Vif, Miguel, Gonzalo, Mery... a todos los que bailasteis, posasteis cual top models, os bebisteis la barra entera y conseguisteis que aquello fuera un verbenón de los buenos.

Y Gracias Eli. Por TANTO. Por venir, por las miles de llamadas, por Diego, por Ozil, por las risas, los lloros, por escuchar, por bailar y porque sin ti esta verbena no hubiera sido posible. 


Por cierto, mañana 2 de junio sale a la venta
mi primer libro. Estilo, felicidad, amor y copas...

¿bailas?

viernes, 8 de mayo de 2015

Cicatrices

Resulta complicado ponerse a escribir con un niño partiéndose de risa al lado. Juan es el que ríe, y yo intento sin éxito volver a las andadas de mi vida 2.0. Si por mi fuera, me tiraba otros dos meses sin escribir y tan a gusto, pero el amore me persigue desde hace unas semanas. “Se van a olvidar de ti”, repite cansino. Y hoy, para que me de un poco de tregua el fin de semana, he decido volver. Además, qué narices, es viernes, y yo antes de toda esta historia con Juan y el Everest publicaba los viernes.

Esa historia, la del Everest, es larga y llena de complicaciones de esas que aparecen en los vademécum, llevan nombres raros y circulan por vericuetos complicados. Quizás por eso no me animaba a escribir. Todavía me preguntan por Juan con cierto temor, y todavía me cuesta responder con seguridad que está bien, que está curado. Sigo angustiándome cada vez que nos toca revisión en la planta baja, y eso que estamos a un paso de no volver más.

Pero Juan sigue riendo y eso me calma. Primera lección: cuando un niño no se ríe, algo le pasa.

Para resumir: a un paso de iniciar el protocolo de trasplante de médula, le hacen a Juan una última punción medular para volver a descartar, y por fin, el bicho puñetero da la cara: leishmania. Después de dos meses de quimioterapia y corticoides, le ponen un antibiótico y Juan vuelve a reír. Y a mi, que ya tenía montado el chiringo en nuestra planta baja,  me hasta pena irme de una suite que ha sido nuestro hogar en los últimos meses.

Allí he conocido a Álvaro, que era capaz de cruzarse el pasillo subido a su gotero como un monopatín, al padre Miguel, que me enseñó que el dolor está lleno de amor, y que cuando pones amor, duele menos, a Raquel, la única enfermera que sabía calmar a Juan con sus canciones, y hasta a Adolfo, un ilustrador que enseñaba a los niños a dibujar las historias del Capitán Culo y con el que compartí una mañana preciosa en un banco del hospital hablando de dibujos, autónomos y la vida en general.

Y es allí también donde he escrito mis mejores historias y hasta un libro que habla de estilo, felicidad, amor y copas. No crean, no tengo ningún mérito, me he rebelado contra los elementos y cabreado cada día hasta que acepté que la felicidad y la verbena y todas esas milongas no son solo para vidas idílicas, que a veces la respuesta está en el para y no en el por qué, que todos somos valientes cuando la vida lo requiere y que a veces hay que pedir ayuda porque los amigos no se enteran de que se pasa mal. 

Lección número dos: no te estampes contra el muro, sáltalo. Pedí una mesa y una silla y me llevé a la suite mi campamento base: el ordenador, la tablet y un montón de libros y papeles. Y a pesar de una señal de wifi miserable pude cumplir con los plazos de la editorial y mandarles un montón de dibujos e historias de tropecientos gigas que escribía por las noches. El libro sale el 2 de junio y se llama La vida es una verbena (cómo si no) y es uno de mis mejores proyectos. Lección número tres: si quieres crear de verdad, apaga el wifi.

Juan sigue reptando por la alfombra y alzando los brazos como un luchador de sumo. Mi pequeño luchador de sumo. Y yo confirmo que la vida no ha cambiado tanto: sigo peleándome por sacar la nueva tienda online en una fecha decente (¿15 de mayo?), rascando minutos al día y sin pintarme las uñas. Tuve el valor de cortarme el flequillo, pero aparte de eso, la vida sigue igual que cuando la dejamos.


En unos días volveremos a las andadas, a la tienda online, a los líos de paquetes y mamatónomas locas. Pero la planta baja, nuestra suite, nos han cambiado.

Fiesta de cumpleaños en nuestra suite,
sin filtros y con atrezzo de los chinos.

Encantada de volver por aquí, ¡sean felices!


jueves, 12 de marzo de 2015

Déjese querer por una loca

Salí con un chico al que le ponía nervioso que cruzara los semáforos en rojo y me pilló hablando sola en la puerta de mi casa. Estaba ensayando uno de mis discursos imaginarios, pero él pensó que estaba loca. Un día mientras tomábamos café irlandés en una terraza, una paloma fue a cagar justo encima de su cuchara. Yo lo tomé como una señal del destino y días después acabé con la historia. Él me dijo: "estás loca", y seguro que lo sigue pensando.

Hace tiempo que no cruzo semáforos en rojo pero sigo ensayando discursos imaginarios (el de cuando me dan el premio Planeta lo bordo) y aprieto el culo en el coche cuando paso por encima de líneas blancas porque creo que así parece que el coche va a echar a volar.  

Supongo que no son cosas mías, porque mis novias también están locas. Van de corto, se ponen sombreros, llegan en moto con el novio, se sientan en el suelo, calzan alpargatas, son unas emocionadas de la vida, bailan como si no hubiera un mañana y abrazan fuerte, muy fuerte. Es mejor así, querer de locas, como locas. No serán portada de revista, pero son mucho más divertidas.  

Llegar en moto, en sidecar o en el coche de su suegro. Pero feliz.
Sara con su corona silvestre agarrada a Juan.
Y entrar cómoda, ligera... y oliendo a lavanda.
Olvidarse los stilettos en casa para llegar con nuestras alpargatas
y llorando a lágrima tendida. Como Paula. 
Y al llegar, abrazarse fuerte. El resto no importa:
boda en un velero prestado con música de spotify y fotos con el móvil. 
Empieza la ceremonia. Nervios y mucha risa.
Lorena a carcajada limpia con su canotier clavel.
Ponerse los anillos junto al mar.
Nuestra corona dorada en una sesión de Mi Tandem.
Y emocionarse, disfrutar cada momento.
Virginia y sus golondrinas. Ella sí que está loca. Y siempre se emociona.
Al salir, arroz, confetti, aplausos o lo que sea. Pero felices.
Subir cuestas, bajar caminos... pero contigo.
La boda de Lorena, aquí
Reírse juntos. Y darse muchos besos. 
Y sentarse en el suelo para comer. Sesión de Mi Tándem.
Luces de verbena y hacer el monguer con el ramo. Todo un clásico.
Vero y su tocado de flores
Bailar con bengalas y burbujas. Estrella con su corona de flores
y su barriguita de un mes.
Y abrazarse fuerte. Mucho. Como Irene y su marido. 
Bailar con tu abuelo, o con tu suegro, o con tu tío. Ellos sí que saben bailar.
Padi con su corona paniculata
Dárselas de reina del hip hop en la pista.
Como Raquel, que está loca de remate.Pueden ver su boda aquí.
Y acabar dándolo todo y con los pelos de loca. Porque así es como te voy a querer. 


Y el cielo y el mar entre sus ojos,
te hacía sentir que estabas vivo,
déjese querer por una loca,
es único...